Últimamente me he dado cuenta de que lo que realmente me hace sentir satisfecha no es solamente conseguir algo, ni tampoco recibir el reconocimiento de los demás.
Hay algo que me hace todavía más feliz:
ver cómo algo que antes solo existía en mi cabeza empieza a existir de verdad.
Una idea.
Una historia.
Un espacio.
Un personaje.
Incluso un pequeño mundo que, hasta hace poco, ni siquiera había imaginado crear.
Y un día, simplemente porque decidí empezar a hacerlo, todo eso empieza a tomar forma.
Esa sensación de convertir algo que no existía en algo real me produce una satisfacción muy difícil de explicar.
Poco a poco también he dejado de necesitar tanto la aprobación de los demás para saber si lo que hago tiene valor.
Porque cuando miro hacia atrás y veo todas esas pequeñas cosas que he conseguido crear, muchas veces ya encuentro la respuesta dentro de mí.
Por supuesto, sigo teniendo que vivir.
Tengo que trabajar, ganar dinero y ocuparme de muchos problemas muy reales. Y sí, todavía hay días en los que me preocupo por todo eso.
Pero también estoy entendiendo que el dinero no es lo único capaz de hacerme sentir que mi vida está llena.
Valoro muchísimo cada cosa que soy capaz de crear.
Y quizá lo que más valoro es que, una vez creada, deja de existir solamente dentro de mi cabeza y empieza a tener una pequeña conexión con el mundo real.
Tal vez no todo el mundo llegue a verla.
Tal vez algunas de estas cosas nunca reciban demasiada atención.
Y está bien.
Porque hubo un momento en el que nada de esto existía.
Y después, porque estuve aquí, porque viví, sentí, imaginé y finalmente decidí hacerlo…
apareció.
Creo que eso es algo que quiero conservar de mi paso por la vida.
No demostrar cuánto éxito he tenido.
Sino poder dejar algo que diga:
así es como veía el mundo,
y así intenté convertir en realidad el mundo que llevaba dentro.
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